Autogolpe de Estado para salvar la democracia en Colombia

Dos acontecimientos recientes marcan el grado de deterioro institucional y el abismo en que esta cayendo Colombia.

El sainete del narcoterrorista Santrich con complicidad de las altas cortes y el rechazo del congreso a la ley anticorrupción demuestran que estas dos ramas del poder público han sido cooptadas por los delincuentes.

Un gobierno encabezado por un hombre decente como el Dr. Iván Duque no puede regir los destinos de sus conciudadanos sin el concurso del legislativo y el judicial. ¿Que hacer entonces? El presidente de la Republica se ve abocado a dos alternativas: mantener el actual “statu quo” cosechando los mas altos índices de impopularidad, o desatar el nudo gordiano con un acto de audacia política que rescate la soberanía popular escamoteada por el mandatario anterior el 2 de octubre del 2016 cuando el pueblo colombiano mediante un plebiscito rechazó los acuerdos de La Habana.

¿Pero como hacerlo? Es claro que ni el congreso ni las cortes van a aprobar ninguna propuesta presentada por el presidente para la reforma de estas ramas del poder. La única alternativa que le queda al primer mandatario de los colombianos está en las medidas excepcionales prohijadas en épocas pasadas por ilustres repúblicos como el Dr Enrique Gómez Hurtado, quien falleciera recientemente y por el expresidente Alfonso López MIchelsen.

Gómez Hurtado en parecidas circunstancias a las que hoy vivimos, pero ciertamente menos agudas, recomendó con su característica agudeza de estadista al presidente de entonces, Dr. Virgilio Barco, producir un autogolpe de estado y asumir el control del legislativo y el judicial.

Aunque la propuesta no fue acogida por el mandatario de entonces, que pertenecía a un partido político diferente del de Gómez, hoy en día no resulta descabellada si se tiene en cuenta que hasta el mismo gobierno de los Estados Unidos viene promoviendo un golpe de estado a pocas millas de Colombia, en la república de Venezuela.

Como bien lo han explicado las autoridades norteamericanas, de lo que se trata es de restaurar la democracia secuestrada por un régimen usurpador y delincuencial que controla el poder ejecutivo y el judicial en la nación petrolera, pero no el legislativo actualmente en cabeza de Juan Guaido.

En Colombia se trata exactamente de lo mismo, pero con la diferencia de que allí son el judicial y el legislativo los que están en manos de los delincuentes, mientras el ejecutivo está en cabeza de Iván Duque. El caso es idéntico. Dos lideres populares maniatados por la falta de poder real.

Sin embargo, por el momento, Duque goza de un arma que desearía Guaido. Su ejército le obedece incondicionalmente.

Una vez cerradas las cortes y el parlamento espurio, se procedería de acuerdo a la propuesta del expresidente López. Convocar una mini constituyente para reformar la justicia y el congreso.

¿Como evitar que los mismos corruptos o sus familiares vuelvan a hacerse reelegir con los dineros del narcotráfico? Muy sencillo: solo se permitirá la postulación de personas totalmente ajenas a la política que jamás en su vida hayan ocupado un cargo público.

Reconocidos líderes del sector privado, la academia y el arte podrán presentar su nombre y los órganos de control velarían para que no se cuele ningún elemento de la politiquería tradicional o de la delincuencia organizada.

Es una propuesta radical, pero a tono con la gravedad del momento que transitamos. Estamos seguros de que un verdadero tsunami de respaldo popular acompañaría al presidente en la noble misión de rescatar la democracia y las instituciones hoy en las garras de sus peores enemigos.

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